Historia
Acabada la Gran Cena en la que, instituye el misterio augusto de la Eucaristía, Jesús, acompañado de sus discípulos, se dirige al Huerto de los Olivos para velar y orar, porque su hora había llegado . Dios, que es amoroso en su Providencia y admirable en su Misericordia, es terrible en su justicia; y Jesús ha de satisfacer al Eterno Padre por los pecados de los hombres. Va a ser el Isaac y el Cordero que borrará los pecados del mundo. Todas las figuras de la Ley Antigua, las predicciones de los Profetas, las ansias de Israel, los deseos de los justos y las esperanzas de los hombres de buena voluntad, van a converger en una, que representa a Jesús en el huerto de Getsemaní. Le siguen alguno de sus discípulos, pero retirándose voluntariamente de ellos, no sin antes amonestarles que velasen y orasen para no caer en tentación, Jesús hace lo propio. Hinca sus rodillas sobre la dura roca, que las faldas de su sagrada túnica cubren y santifican; pero su corazón, su mente, su alma se elevan al cielo en alas de sus ansias de Redención. Y mientras tanto, los discípulos, rendidos por el cansancio, duermen, como duermen y dormirán innumerables hombres hasta el fin de los tiempos; y sus enemigos, guiados por el traidor Judas, blasfeman y le buscan para perderle. La luz pálida de la luna que ilumina tenuemente el rostro divino de Jesús, alumbrará en breve los sacrílegos pasos del Traidor que ha vendido al Maestro por treinta miserables monedas y le entrega a la crueldad de sus enemigos con un beso, sarcasmo de ingratitud, el más inaudito que registran las páginas de la historia. Jesús como Dios que es, conoce la traición; pero como había de consumar su obra salvadora, oculta el brillo de su naturaleza divina bajo el mísero ropaje de la humana, y sigue orando: Padre, si es posible, pase de mi este cáliz; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya. ¡Ah! Pero ¡Como lacera su Corazón el recuerdo de que su divina sangre no aprovechará a innumerables cristianos que, miles de veces, se complacerán en pisotearla con la iniquidad de sus crímenes y pecados! Por eso sigue orando hasta repetir por tercera vez: (( Padre, si es posible, pase de mi este cáliz; mas no se haga mi voluntad sino la tuya)). Y siente la fatiga. Y se acongoja. Y un sudor copiosísimo de sangre , rompiendo sus venas, corre por todo su cuerpo hasta empapar la tierra... Pero un Ángel le conforta, y la Humanidad de Cristo resplandece con brillos de una sublimidad divina, inenarrable. Contemplemos a Jesús, no con ojos de la carne, sino con los del espíritu, para aprender la sublime lección que revela su gesto en el Huerto de los Olivos. Ora al cielo para que el Padre le escuche, le de fuerzas, le conforte Notros los hombres, tan frágiles, tan inclinados al mal y, a las veces, tan oprimidos por el peso de la aflicción ¿ que bien si cuando urge la contrariedad a la pasión, en nuestro caminar hacia Dios, pusiéramos en nuestros labios, como emanación del corazón, aquellas mismas palabras de Cristo: (( Señor, pase de mi este cáliz ; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya)) ¡. Otra fuera nuestra norma de conducta, y otra, muy otra, la suerte de los días que vivimos.
En la soledad augusta y tierna de los olivos, cuando el viento no es de oro ni de luz, sino de sombras y silencios... En la soledad majestuosa de la tierra callada, bajo el callado cielo, Jesús, ora por ti y por mi sólo en el Divino Huerto. Su voz es más suave que la fragancia tenue de la flor reciente del almendro y más blanda que el plumón de ave y más dulce que un amor eterno. Como no imaginada caricia oraba Jesús, en agonía sereno. Su palabra ámbar fundido con agua de ensueños. Los pájaros que esperaban prendidos en las ramas del desvelo, murieron de envidia del divino acento Y la luna, luminosa y pura, hecha plata y terciopelo caía sobre el jazmín de los vestidos y en los surcos de la tierra recién hechos. Solamente los olivos tristes y la brisa sin flores y en lo alto los luceros, encendieron las rosas que dijera aquel Corazón de fuego. Un ángel bajó a velar cándidamente la amarga soledad del Nazareno... Y Él, le coronó con gotas de su sangre, Como si fuera con frutos de cerezos. En la noche ,que adentraba, unas luces recorrieron temerosas, el suave blancor de los senderos. La voz que esperaba lloraba por ellas... Y de entre todos, uno se adelantó, medroso, a su Maestro, para venderle aleve con traicionero beso. Ángel Miguel Alcaraz Crevillente SEMANA SANTA de 1948
Otro poema de la revista de 1.949 dedicado a nuestro paso, es el siguiente. En la fotocopia no se menciona al autor:
La Eterna Pasión Ronda Getsemaní la turba impía que Judas congregó traidoramente, y Cristo ruega al Padre omnipotente: “Tu voluntad se cumpla y no la mía”
Quiebra la paz del huerto recatado la sacrílega plebe desbordada. Suena un beso infernal, brinda una espada y se abate la oreja de un malvado.
Dos centuriones recios y agresivos consuman en Jesús la villanía. Se estremecen los cándidos olivos, corre el Cederrón gimiendo una alegría.
La gran Jerusalén, desvaporida, despierta al paso del tropel siniestro. Y ocultando su angustia sin medida, sufre prisión el celestial Maestro.
... Burlas, azotes , Jueces y villanos del odio extienden la infernal hoguera. Lava Pilatos sus impuras manos, y la implacable Cruz a Cristo espera.
En el olivar ladraron los perros cuando. El salía. el perro del Iscariote –negros pelaje y pupilas, grande, sucio, olvidado por su amo en la noche impía- y el perro blanco y chiquito de Juan el evangelista... De tanto caminar juntos -canes de razas distintas-, los perros de Juan y Judas peleaban y se querían... Junto al Señor, muchas veces, en las noches palestinas, dejando a Judas y a Juan a un lado y otro dormían... y tomaban de Su mano los restos de las comidas, saltando en torno a Cristo, recibiendo sus caricias... Fieles perros... Cuando el Jueves se fundó la Eucaristía y el pan fue Cuerpo de Dios y el Vino su Sangre misma, ellos se quedaron fuera gruñendo entre las olivas esperando inútilmente la llamada de Mesías... Ni Judas huyendo en busca de las monedas malditas ni Juan, absorto, soñando con la Comunión Prístina, se acordaron de sus perros en la Cena de aquel día. Los perros abandonados, callan, y en la noche tibia, con la luna del Nizán, grande, redonda, blanquísima, cuando el Cristo salió al Huerto -mientras sus hombres dormían- se oyeron dulces gruñidos... Los canes-hambre canina- saltaron viendo al Señor y el Señor... nada traía... Lamen sus pies, cariñosos, como una señal sumisa y Él reza solo, avanzando, y suda sangre y suspira... Pero no esta sólo; mientras los Apóstoles dormitan, antes que Pedro despierte los buenos canes vigilan... Y cuando llega la chusma y Judas dice mentira besando a Jesús, su perro ladra loco... Es que adivina que el beso y el <<Salve, maestro..>> de su amo con voz fingida, son el beso y las palabras de un traidor... Y desconfía y ladra y quiere a su dueño morder; y Jesús se inclina y acariciando a los canes les habla, les tranquiliza... Si no es nada, si me voy pero volveré en seguida... Pero el Señor no volvió y al pie de la Cruz bendita, subiendo tras de su rastro calle de Amargura arriba-, los dos perros alcanzaron a ver a Jesús con vida. De doce hombres sólo Juan estaba allí, con María ... Y los perros, los perros fieles gemían ululando, estremecidos, viendo morir al Mesías... Y cuando el de Arimatea cedió su huerta vecina para Sepulcro de Cristo, los perros allí seguían sin fuerza para ladrar, pero seguros vigías de aquella tumba que sólo los cielos abrir podían ... ¿Y Judas? ¿Y los demás Apóstoles... Con María sólo Juan y... los dos canes con las orejas caídas y los hocicos babosos ... Los soldados vino y risa-, les maltrataron; pero ellos pegados a las rendijas del Sepulcro, no tuvieron miedo de lanzas y chirlas... Fieles al Señor no temen al rencor ni a las envidias... Y no son como los hombres que niegan con cobardía.. Fieles a Jesús, le siguen ahora muerto, como en vida... Cuando al nacer el domingo, la tumba quedó vacía y las mujeres llegaron con las luces matutinas y habló el Ángel: <<Quien buscáis resucitó al tercer día...>> los dos perros ya no estaban ni en el jardín ni en la cripta... Nadie les vio más... ¿Se fueron con Él...? ¿Se convertirían en lebreles celestiales de las estrellas altísimas...? Por todo Jerusalén, Juan los buscó noche y día.. Y un atardecer, cruzando el Huerto de las olivas, reviviendo huellas del Señor, el Evangelista, encontró a los canes muertos con las abiertas pupilas, a las puertas del Cenáculo, esperando la comida, la comida celestial que a ellos nunca llegaría… Juan llorando, contempló la azul cúpula divina... Nubes, con forma de perros ladraban cielos arriba...
Falda del monte Olivote cerca de Jerusalén; guardadora de misterios hasta Jesús llévame. . . . . . . . . . . . . . . Huerto de Getsemaní hasta llegó el Señor y dijo a tres discípulos: “Debéis esperarme aquí” Alejóse triste y sólo pero no lejos de allí. Póstrese Jesús en tierra y oró: ¡Padre mío!, si es posible pase pronto este cáliz de mi. Mas, no como yo lo quiero sino como a tu sentir. Parpadeaban las estrellas En un cielo de zafir; Los olivos musitaban Mil palabras entre sí. Durmiéronse los apóstoles y a Pedro le dijo así: “Si no pudiste velar ¿Qué puedo esperar de ti? Por no entrar en tentación velad y orad desde aquí”. Juan y Santiago escuchaban mas, no quisieron oír , Y volvió a sus oraciones y el buen Pedro a su dormir. Todos cargados de sueño No pudieron resistir. Después de hacer oración les dijo: " Podéis dormir: descansad por ser llegada la hora espera por mí. Hoy el hijo de la Virgen Ha comenzado a sufrir; en manos de pecadores pronto me voy a sentir. En esto apareció Judas Seguido de gente ruin. Besó a Cristo en la mejilla Con beso traidor y vil. Los sicarios le prendieron y lo llevaron de allí. Mas, dijo a los sacerdotes: “Habéis venido has mí con espadas y con lanzas… gente de guerra hay aquí: ¿Soy por acaso un ladrón o un asesino? ¡¡Decid!! Atárosle con fiereza manos y brazos; así a casa de Anás llevado fue por tanta gente vil. . . . . . . . . . . . . . . Falda del monte Olivote Cerca de Jerusalén Este martes de misterio A Jesús acércame. Adelardo Gómez Tey Secretario del Pasillo Castellano
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